lunes, 9 de agosto de 2010

Invictus

Out of the night that covers me,
Black as the pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.

In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.

Beyond this place of wrath and tears
Looms but the Horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds and shall find me unafraid.

It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.

William Ernest Henley



lunes, 10 de mayo de 2010

Aikido y licencias libres - Nota publicada en la revista "Barriletes"



Esta es la nota que me publicó la revista Barriletes de la ciudad de Paraná. Como pueden ver en su web:

La Asociación Civil Barriletes nació a mediados del año 2001 con la producción mensual de la revista “Barriletes” destinada a ser vendida autónomamente por jóvenes y adultos en situación de extrema pobreza. Los menores de 18 años están autorizados por un mayor para vender. Barriletes no compromete su libertad de expresión ni su capacidad de autogestión ante ninguna vinculación económica surgida de publicidad, donación o financiamiento externo. Actualmente, incluye un abanico de oportunidades de expresión y aprendizajes formales y no formales brindados a numerosos niños, jóvenes y adultos de muchos barrios de la ciudad, sin que sea requisito ser vendedor de la revista. Como Asociación Civil, Barriletes, promueve la cultura laboral, la solidaridad y la participación ciudadana. Reivindica el trabajo y la educación como ejes fundamentales en el desarrollo de las personas y condena toda forma de explotación laboral, en adultos y en niños.

He aquí la nota:

Aikido y licencias libres

¿Qué es el Aikido?

El Aikido es un arte marcial japonés moderno, nació en los años 30 del siglo XX.

Está basado en lances, torceduras e inmovilizaciones, no posee golpes de puño o patadas.

No existe competencia, las técnicas se practican con al menos un compañero más, tratando de perfeccionarse en cada aspectos de ellas, de aprender los conceptos como los de distancia correcta con el contrincante (ma-ai) y el estar alerta al entorno de manera contínua (sanshin). Algunos de estos conceptos se pueden trasladar a la vida cotidiana, y eso es parte de la belleza del Aikido.

Breve historia del Aikido

El Aikido fue fundado por Morihei Ueshiba (1883-1968), un maestro de muchas artes marciales que al tener una iluminación, comprendió que la verdadera paz no se obtendría nunca destruyendo al adversario, sino que se necesitaba “restablecer el equilibrio universal” que por algún motivo es roto, por ejemplo por una agresión.

Su idea de un budo o arte marcial era tener un medio para obtener “un paraíso en la Tierra”, haciendo que una agresión sea repelida no por una mayor sino una invitación a desistir y luego hacer que la fuerza del contrario se vuelva contra sí mismo para restablecer el orden universal.


¿Qué tiene que ver un arte marcial con las licencias libres?

Todo se relaciona con el copyright, el cual nació con imprenta y la posibilidad de generar copias de los libros de manera masiva. El copyright o derecho de copia no restringía lo que podían hacer los lectores; restringía lo que podían hacer los editores y los autores. El copyright en Inglaterra inicialmente fue una forma de censura. Se tenía que obtener un permiso de la corona para publicar el libro. Pero la idea cambió hasta asimilarse con el concepto de derecho de propiedad. Es así como nace la idea del copyright y la de derecho de autor, como una idea de que la obra intelectual le pertenece de manera inalienable a su autor y el mismo tiene el control total de la misma.

A fin de unificar los distintos criterios en cuanto a estos derechos, se estableció en el año 1886 el Convenio de Berna. Toda obra de autor está bajo este convenio y es por eso que se dice que toda obra nace con el estigma de Berna.

Richard Stallman y la voluntad de ser ético

Richard Stallman descubrió que el espíritu de colaboración y de compartir código estaba cambiando con rapidez por los años 80 del siglo XX, de pronto todo el mundo firmaba “Contratos de confidencialidad comercial” y sus compañeros se dedicaban a vender el software en el cual todos habían contribuído. Para revertir esto, decide escribir un sistema operativo desde cero al que denominó “GNU”. Pero ¿cómo hacer para que este nuevo sistema operativo pueda ser copiado sin quebrantar la ley y a la vez evitar que inescrupulosos se aprovechen “cerrando” el código? Es para ello que se creó la licencia GPL, la que garantiza las 4 libertades del así llamado “software libre”:


  1. la libertad de usar el programa, con cualquier propósito.

  2. la libertad de estudiar cómo funciona el programa y modificarlo, adaptándolo a tus necesidades.

  3. la libertad de distribuir copias del programa, con lo cual puedes ayudar a tu prójimo.

  4. la libertad de mejorar el programa y hacer públicas esas mejoras a los demás, de modo que toda la comunidad se beneficie.

Usando el “estigma de Berna” a su favor, estableció que todo software que use la menor parte de código liberado con esta licencia, la GPL, automáticamente deberá ser licenciado con la misma. Es por eso que se dice que es “virósica”.

Como vemos, utilizó la misma Convención para liberar su trabajo de las restricciones de la copia y del derecho de autor, usó la fuerza del contrario para restablecer el orden universal:

¡Richard Stallman le hizo Aikido a la Convención de Berna!

Agradecimientos:

A la revista Barriletes por difundir el software libre

A Cesar Ballardini que me acercó al mundo del software libre y además me hizo ver esta extraña relación entre las artes marciales y la cultura libre.

Licencia: Creative Commons Compartir Obras Derivadas-igual

http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/deed.es_AR


viernes, 2 de abril de 2010

Completando la escena

El otro día hicimos un experimento interesante, nos dijeron que pongamos en una lista las cosas que puede pensar o no una serie de personajes: un médico, un podólogo griego y no recuerdo los otros dos.
En mi mente se produjo un mapa de lo que eso pudiera significar y me esforcé pera encontrar una respuesta lógica.
Con mis compañeros compartimos notas y vimos que habíamos coincidido en algunas cosas y en otras no, como es natural.
Resaltó el hecho del "deber ser", como necesitamos completar con significados los huecos que se presentan a nuestro entendimiento.
Le adjudicamos valores y comportamientos sacados de nuestro deber ser o nuestro sentido comun a las personas y a las cosas y las encasillamos allí. Supongo que es una defensa evolutiva para ahorrar proceso de pensamiento, una especie de mapa mental para permitir rápidas decisiones.
El problema es que pasamos creyendo esos mapas mentales.
Una excelente lección para no olvidar.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Cuento "hWord"

Este cuento fue publicado en la revista Axxón.

—Hoy entrevistamos al prolífico escritor y desarrollador de software Germán Catalano —dijo el periodista en un primer plano, luego la cámara amplió el cuadro y apareció la imagen sonriente de un hombre canoso y de bigotes de foca oscuros que saludaba con la cabeza—. ¿A qué se debe tamaña producción de novelas y libros de cuentos, a razón de uno por mes? —le preguntó sin más trámite con su voz estridente.

—Buenas noches, a usted y a toda la audiencia —comenzó diciendo el entrevistado con mucha calma—. Es bien sabido que la profusión de mi trabajo se debe al software que he desarrollado, el hWord, un verdadero hallazgo en el ámbito literario.

—Háblenos un poco más de ese software, por favor —intervino el periodista.

—En primer lugar tiene incorporada una base de datos de miles de escritores, desde Cervantes Saavedra hasta Saer, pasando por Borges, Hemingway y García Márquez. El software, entonces, compara el texto del usuario del hWord contra todos estos geniales autores y corrige sintaxis, gramática, palabras repetidas y otros errores comunes respetando el estilo y todo esto en tiempo real, es decir, mientras se escribe —dijo Catalano, haciendo el gesto de tipear en el aire.

—Es como tener a todos esos genios como tutores —interrumpió el entrevistador.

—Claro, por eso es capaz de sugerir párrafos enteros, escritos de manera impecable, como si leyera la mente del autor.

—¿Por qué se denomina “hWord”? —preguntó el periodista inclinándose un poco.

—Es por Hermes, el dios griego de la comunicación y ya sabe que Word era el procesador de textos de la extinta Microsoft, de modo que traté de aprovechar ese recuerdo popular para mi producto.

—Me han dicho que cada licencia es muy cara, ¿por qué, si ya lo tiene desarrollado?

—En primer lugar, no queremos que haya tantos escritores de éxito —dijo riendo Catalano—, en segundo lugar, estamos actualizando y alimentando en forma continua la base de datos que le mencioné, a tal punto que en un futuro habrá que tener sólo una buena idea y el hWord la escribirá por usted. Es por eso que creemos que el hWord es una especie de coautor tal como está explícito en su licencia de uso.

—Pero algunos escritores renombrados recibieron una copia gratis de su software.

—Sí, por supuesto, ellos prueban nuevas funcionalidades y nos envían sugerencias de muchísimo provecho para mejorar la versión que publicamos cada seis meses.

—¿El hWord reemplaza a las musas inspiradoras? —preguntó, insidioso, el entrevistador.

—Debe tener algo que comunicar, una idea, una inspiración como dice usted; luego hWord le permite jugar con párrafos, comienzos, finales y tiempos verbales hasta que usted quede satisfecho y con la certeza de un castellano perfecto —afirmó Catalano.

—Además, es dueño una editorial muy exitosa: la Editorial Software Hermes.

—Sí, me di ese lujo debido a mi producción literaria, de esa manera tengo el control de mis ediciones sin intermediarios —explicó Catalano con aire suficiente.

—Usted es un programador, un escritor y un empresario de éxito, lo felicito —dijo el periodista parándose y señalándolo con las dos manos en un gesto teatral.

—Muchas gracias —contestó sin humildad alguna Catalano y mientras sonreía, la televisión comenzó a pasar los comerciales.

Carlos Muñoz subió las escaleras mojado de sudor por los nervios y el calor. Esperaba que ese abogado hiciera justicia. Sí, Justicia con mayúsculas. Su rabia crecía a cada escalón y disminuyó cuando entró al vestíbulo fresco y bien amueblado.

Cargaba con un libro y su propio manuscrito que lo incomodaban, decidió esperar sentado a pesar de que no podía quedarse quieto.

“Me robaron y me las van a pagar”, pensaba mientras vigilaba para ver si la secretaria lo llamaba.

—Señor… —dijo por fin ella, mirándolo por sobre los lentes.

—Muñoz, Carlos Muñoz —respondió él, secándose los restos de transpiración de la frente con un pañuelo arrugado.

—Pase, señor Muñoz, el doctor Robasio lo espera.

El abogado se levantó de su asiento y le dio la mano con fuerza. Muñoz observó su sonrisa de político y se sintió menos seguro de llevar ante él su reclamo, pero había oído que era el mejor.

—Siéntese…

—Muñoz, Carlos Muñoz, doctor.

—Ah, sí, sí. ¿Es a usted a quien le copiaron la novela ésta de tanto éxito?


Ilustración: SBA

—Sí, “Poseídas”, esa misma. ¡Ni el título le cambiaron! ¡Mire! —dijo mostrándole su manuscrito puntillosamente encuadernado y el libro, uno en cada mano.

—¿Alguien habrá entrado a su casa y le robó el archivo u otro manuscrito? —dijo el abogado mirándose las uñas.

—¡Nadie! Sólo tengo impreso éste que ve aquí y tengo el documento digital encriptado con una clave de doce dígitos, combinaciones de letras, números y signos de puntuación que a una Cray le llevaría tres años quebrar —dijo con suficiencia Muñoz.

—¿No le mandó algún adelanto de su obra a algún amigo o amiga? —preguntó Robasio, haciendo énfasis en “amiga”.

—No y no, esta novela me iba a hacer rico y famoso, ¡no le mandé nada a nadie! —dijo, sacudiendo la cabeza como para que no quedara la menor duda.

—¿Entonces se la apropió la editorial a la cual se la envió para que se la publiquen?

—Escuche, doctor, muy atentamente, ésta —volvió a señalar las hojas prolijamente impresas— es la única copia. ¿Capito?

El abogado tomó el manuscrito y el libro. El autor de “Poseídas” era el mismo Germán Catalano. En la contratapa estaban impresos muchos otros best-sellers de los más diversos géneros junto a su cara sonriente.

—¡Ladrón! —gritó Muñoz agitando la mano al verlo.

—Editorial Software Hermes —leyó el abogado.

—Sí, ellos venden su procesador de textos, el “hWord”, que nos facilita tanto la vida a nosotros, los escritores —dijo Muñoz con un dejo de pedantería—. Corrige la ortografía, la gramática, los excesos de adjetivos, las frases largas y los sonsonetes. Si es una poesía busca sonoridad, ritmo y por supuesto, la rima. Hasta es capaz de corregir el estilo. Un escritor con buenas ideas sólo tiene que sentarse a escribir y el hWord hace su magia —terminó de decir haciendo un gesto en el aire.

—Sí, anoche mismo vi la entrevista que le hicieron a Germán Catalano —dijo el abogado mirando los textos con detenimiento—. Veo que es copia palabra por palabra —comentó, luego de pasar algunas páginas.

—Quiero resarcimiento económico y moral —suspiró Muñoz indignado.

—Sólo falta demostrar que usted lo escribió antes —respondió con cierta ironía Robasio.

Sin decir nada, Muñoz sacó de su bolsillo un paquete cerrado con un matasellos y le mostró la fecha.

—Hace tres meses, me envié a mí mismo un DVD con la novela por correo, ¿ve?

—Bien, vamos a ver qué podemos hacer —dijo mientras lo despedía.

Muñoz bajó las escaleras más aliviado, quizás dentro de poco tiempo su nombre y su foto reemplazarían a los de Germán Catalano.

Ya en su casa aplicó el parche al hWord para que siguiera funcionando un mes más. Como muchos colegas, lo había hecho funcionar mediante un crack escondido en la Red, muy laborioso de instalar y que exigía actualizarlo periódicamente desde la misma Internet.

Sólo de esa manera lo podía utilizar, su costo era prohibitivo para él como para casi todos sus conocidos. Odiaba a la Editora Software Hermes, ¿por qué vendía tan cara cada licencia? De algún modo se merecía que usara el hWord sin pagarlo, era una suerte de justicia poética.

Unos dos meses después el teléfono despertó a Muñoz muy temprano a la mañana.

—Soy el doctor Robasio —escuchó entredormido—, debe venir urgente al juzgado, tenemos una audiencia con el juez y la editora.

Gruñó al teléfono una respuesta y cortó, se bañó, se afeitó con cuidado y eligió su mejor traje para vestirse, seguro que ganaba el caso. No había dudas de que “Poseídas” era suya, su novela.

Ya en la calle paró un taxi, ahora que iba a ser rico podía darse esos lujos. Todavía estaba dormido cuando llegó a los tribunales. Unos inquietantes autos con vidrios polarizados estaban estacionados a la entrada del edificio. Cuando llegó a la puerta el doctor Robasio lo saludó con efusión apretándole la mano.

—Ganaremos con mucha facilidad —le dijo sin soltarlo.

—Me dijeron que usted era uno de los mejores —respondió Muñoz, exultante.

Robasio le palmeó la espalda y entraron a la sala.

El juez entró un poco después y Robasio demostró sin dudas que la obra le pertenecía a Muñoz.

Germán Catalano y los abogados de la empresa escuchaban impasibles. Cuando les tocó el turno, se levantó el de más baja estatura, miró a la sala y al juez, luego señaló a Muñoz.

—Este señor dice que le plagiamos su obra, sin embargo, él la escribió usando una copia ilegal del hWord de nuestra editora —dijo con voz de barítono—. En consecuencia no pagó por el desarrollo de nuestros correctores de gramática, de ortografía y otras herramientas que posee nuestro producto. Aquí tenemos —dijo desplegando un largo listado— todos los parches ilegales —hizo énfasis en la palabra “ilegales”— que el demandante usó para continuar su uso y violar la licencia una y otra vez.

—¿Es cierto eso? —preguntó Robasio a Muñoz en voz baja.

Muñoz no contestó, estaba sudando como cada vez que se ponía nervioso y se acomodó la corbata. Miró hacia atrás y vio a dos policías firmes ante la entrada. ¿Cómo saben que usé esos cracks y que la copia es ilegal?, pensaba mientras miraba al abogado sin poder decir palabra.

—Por lo tanto —prosiguió el hombrecito—, “Poseídas” nos pertenece tal como lo dice la licencia de uso violada por el señor Carlos Muñoz, quien además adeuda todas y cada una de las actualizaciones, lo que suma la cantidad de dos millones de créditos internacionales, que si no son pagados en este mismo acto, nuestra empresa pide que sea puesto en custodia hasta tanto cancele la deuda con sus correspondientes intereses.

El juez hizo una seña a unos uniformados que esposaron a Muñoz.

—¡Ladrones, malditos! La obra es mía, mía —gritaba Muñoz. Los policías lo arrastraron y lo sacaron del recinto sin mucha delicadeza.

—¿Hay muchos que usan sus parches? —le preguntó Robasio a Catalano cuando vio que Muñoz ya no podía escucharlo.

—Muchos —respondió sonriendo Catalano.

—Admirable —dijo Robasio, entrecerrando los ojos.

—Vendo pocas licencias del hWord —dijo saliendo y apoyando la mano en el hombro del abogado—, son muy caras; pero como ve, estimado doctor, le encontré la vuelta para tener muchas ideas y además ya escritas; nadie lee las licencias de uso y todos quieren una copia del hWord sin pagar un centavo, así que les dejo los parches que son muy difíciles de instalar adrede, ¿sabe por qué?

—¿Por qué? —preguntó Robasio en la puerta del juzgado, disfrutando de un cigarro.

—Es en realidad un programa que me envía todos y cada uno de los patéticos manuscritos de estos perdedores —Catalano hizo una pausa como para que el abogado sopesara sus palabras.

—Usted se los roba —dijo con una sonrisa cómplice el abogado.

—No —lo corrigió sonriente—, el hWord es el coautor, no lo olvide. Y yo —dijo señalándose con el pulgar—, soy el autor del hWord. Ellos usan ilegalmente mi programa, haciendo enormes esfuerzos para instalar mis propios parches y cracks, ¿no soy genial? —preguntó, sonriente bajos sus mostachos, Catalano.

—Sí, sí —respondió molesto Robasio—, ahora págueme mi parte. Tal como se lo prometí, lo traje al juzgado para que usted se lo saque de encima usando todo el peso de la ley.

—Por supuesto, doctor —dijo dándole un cheque—. ¿Sabe? Son tan perezosos que tampoco se dan cuenta de que Hermes, además de ser el dios de la comunicación y de los médicos —Catalano hizo una pausa, creando suspenso— es el de los ladrones y los estafadores. ¡Soy un completo genio! —terminó de decir con una risotada.

Robasio lo miró asustado y apuró sus pasos hasta un taxi.

—Dios me valga con estos escritores. Sáqueme rápido de aquí —le dijo al chofer apenas abrió la puerta.

miércoles, 27 de enero de 2010

Redención

Llegó la redención luego de una profunda reflexión y análisis de todas las posibilidades.
Me refiero a la entrada anterior, denominada "Soledad".
Ayer me asaltaron cual epifanía algunas ideas. ¿Y si yo era quién tenía que tomar el problema entre mis manos? ¿Si era yo quien tenía que proponer una solución ante un problema que inconcientemente había ocasionado?
Funcionamos de manera curiosa, con subas y bajas en la comprensión y en la capacidad de cosas que podemos abarcar con la conciencia.
A mi mente se agolparon posibles salidas a la pequeña crisis, lo mejor hubiera sido que pidiera otro plato igual y mientras compartíamos el que había pedido para mí mismo.
El incidente me regaló largos momentos de meditación e introspección, le debo dar las gracias; sí señor.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

La soledad

Hoy tuve una experiencia formidable. Quisiera compartila con quien quiera leerla y conmigo mismo para no olvidarla, aunque creo que es algo que quedará clavada por siempre en mi memoria.
Los lunes y miércoles me quedo a comer en el trabajo, hago horario corrido. Por lo general me tomo el trabajo de hacerlo yo mismo, lo cual implica ir escritorio por escritorio, esperar a que escriban en un papel que envía la rotisería lo que desean y luego llamar por teléfono para transmitir lo que seleccionaron los comensales.
Para mí es una forma de estar al servicio de mis compañeros, de distenderme un poco y de ser útil de manera concreta: todo un ejercicio.
Uno de mis compañeros no suele estar a la hora de la desición, por lo cual hago el pedido por él (recuerden que me toca sólo los lunes y miércoles).
Hoy miércoles me olvidé de él y por lo tanto no tenía que almorzar. Lo más justo es que yo pagara mi error y le dejé mi almuerzo y volví a mi puesto de trabajo a tratar de aprovechar la hora que de otro modo usaría en almorzar.
Como mi estómago está adaptado a comer a esta hora, se queja contínuamente inyectando pensamientos que me están atormentando.
En primer lugar, siento que nadie se solidarizó con mi error, todos se sentaron a comer en silencio.
No puedo dejar de considerar que en el lugar de mi compañero hubiera compartido el plato, en un gesto contemporizador y de compartir lo poco o mucho que se tiene.
El hecho desnuda lo que somos, en mi caso mis expectativas frente a mi propia conducta y la de los demás.
No puedo ni debo alegar nada, cometí un error y creo haberlo subsanado.
¿Si esperaba otra cosa de ellos?
Sí, lo confieso y eso demuestra todo el camino que me falta por recorrer.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Un método para resolver problemas complejos

Método Douglas

Una vez leí que para construir aviones, se lo hacía por anillos. Cada anillo era cuidadosamente revisado en busca de fallas y luego montado cuando se estaba absolutamente seguro de que estaba terminado y en funcionamiento.

Dudo que eso que leí o escuché sea correcto, pero a partir de eso comencé a aplicar esa metodología en mis tareas diarias que entonces eran eminentemente técnicas.

Recuerdo una red de área local con cableado coaxil que se negaba a funcionar correctamente. Todos recordamos esas redes, fallaba alguna "T" y nos quedábamos sin la red y con los usuarios corriendo de aquí para allá... buscándonos.

Ese era uno de los típicos casos donde se aplicaba el "método Douglas". Estación de trabajo por estación de trabajo, iba probando cada conector "T", los "BNC" con terminadores que estaba seguro eran correctos porque los había construído yo mismo.

Con un ómhetro, paciencia y paso a paso, siempre era capaz de detectar la falla y repararla. Cada tramo de la red era un anillo del avión que iba armando hasta que por fin, quedaba todo funcionando. Si utilizaba el mismo método para el armado de las redes con cable coaxial, el éxito estaba garantizado.

Pronto descubrí que ese método se podía aplicar en muchas otras situaciones. La más común eran las fallas extrañas en las PC o computadoras personales. Siempre partía de determinar si la falla era física (de hardware) o de software, luego iba paso a paso hasta llegar al componente defectuoso.

El método me hizo desconfiado de las determinaciones tempranas, las suposiciones rápidas y aún en el confiar en corazonadas. El método Douglas barría con todas las incertezas.

Se podría objetar que era poco creativo y mecanizante, pero allí estaba su mayor ventaja. Una vez que se separaba el problema en pedacitos pequeños y controlables, era cuestión de ir paso a paso hasta terminar con el asunto.

El concepto del "método Douglas" fue ampliándose en aspectos menos técnicos pero de peso.

Hacerse preguntas tales como:

  • ¿Dejé el medio extraíble en la diskettera/compactera?
  • ¿Dejé correctamente encendido los periféricos?
  • ¿No hice que algun componente de software dejase de funcionar?
  • ¿Dejé la factura por mis servicios?
  • ¿Ellos tienen mi teléfono?

Pronto entraron como una rutina a ser ejecutada con cada servicio o reparación.

Hagan la prueba, adopten el "método Douglas" en sus reparaciones diarias y verán como pensar de antemano y dividir las tareas en otras más pequeñas le ahorran tiempo y esfuerzo.