Relatos de poder

Cuentos y opiniones que no quiero olvidar.

miércoles 27 de enero de 2010

Redención

Llegó la redención luego de una profunda reflexión y análisis de todas las posibilidades.
Me refiero a la entrada anterior, denominada "Soledad".
Ayer me asaltaron cual epifanía algunas ideas. ¿Y si yo era quién tenía que tomar el problema entre mis manos? ¿Si era yo quien tenía que proponer una solución ante un problema que inconcientemente había ocasionado?
Funcionamos de manera curiosa, con subas y bajas en la comprensión y en la capacidad de cosas que podemos abarcar con la conciencia.
A mi mente se agolparon posibles salidas a la pequeña crisis, lo mejor hubiera sido que pidiera otro plato igual y mientras compartíamos el que había pedido para mí mismo.
El incidente me regaló largos momentos de meditación e introspección, le debo dar las gracias; sí señor.

miércoles 23 de diciembre de 2009

La soledad

Hoy tuve una experiencia formidable. Quisiera compartila con quien quiera leerla y conmigo mismo para no olvidarla, aunque creo que es algo que quedará clavada por siempre en mi memoria.
Los lunes y miércoles me quedo a comer en el trabajo, hago horario corrido. Por lo general me tomo el trabajo de hacerlo yo mismo, lo cual implica ir escritorio por escritorio, esperar a que escriban en un papel que envía la rotisería lo que desean y luego llamar por teléfono para transmitir lo que seleccionaron los comensales.
Para mí es una forma de estar al servicio de mis compañeros, de distenderme un poco y de ser útil de manera concreta: todo un ejercicio.
Uno de mis compañeros no suele estar a la hora de la desición, por lo cual hago el pedido por él (recuerden que me toca sólo los lunes y miércoles).
Hoy miércoles me olvidé de él y por lo tanto no tenía que almorzar. Lo más justo es que yo pagara mi error y le dejé mi almuerzo y volví a mi puesto de trabajo a tratar de aprovechar la hora que de otro modo usaría en almorzar.
Como mi estómago está adaptado a comer a esta hora, se queja contínuamente inyectando pensamientos que me están atormentando.
En primer lugar, siento que nadie se solidarizó con mi error, todos se sentaron a comer en silencio.
No puedo dejar de considerar que en el lugar de mi compañero hubiera compartido el plato, en un gesto contemporizador y de compartir lo poco o mucho que se tiene.
El hecho desnuda lo que somos, en mi caso mis expectativas frente a mi propia conducta y la de los demás.
No puedo ni debo alegar nada, cometí un error y creo haberlo subsanado.
¿Si esperaba otra cosa de ellos?
Sí, lo confieso y eso demuestra todo el camino que me falta por recorrer.

miércoles 19 de agosto de 2009

Un método para resolver problemas complejos

Método Douglas

Una vez leí que para construir aviones, se lo hacía por anillos. Cada anillo era cuidadosamente revisado en busca de fallas y luego montado cuando se estaba absolutamente seguro de que estaba terminado y en funcionamiento.

Dudo que eso que leí o escuché sea correcto, pero a partir de eso comencé a aplicar esa metodología en mis tareas diarias que entonces eran eminentemente técnicas.

Recuerdo una red de área local con cableado coaxil que se negaba a funcionar correctamente. Todos recordamos esas redes, fallaba alguna "T" y nos quedábamos sin la red y con los usuarios corriendo de aquí para allá... buscándonos.

Ese era uno de los típicos casos donde se aplicaba el "método Douglas". Estación de trabajo por estación de trabajo, iba probando cada conector "T", los "BNC" con terminadores que estaba seguro eran correctos porque los había construído yo mismo.

Con un ómhetro, paciencia y paso a paso, siempre era capaz de detectar la falla y repararla. Cada tramo de la red era un anillo del avión que iba armando hasta que por fin, quedaba todo funcionando. Si utilizaba el mismo método para el armado de las redes con cable coaxial, el éxito estaba garantizado.

Pronto descubrí que ese método se podía aplicar en muchas otras situaciones. La más común eran las fallas extrañas en las PC o computadoras personales. Siempre partía de determinar si la falla era física (de hardware) o de software, luego iba paso a paso hasta llegar al componente defectuoso.

El método me hizo desconfiado de las determinaciones tempranas, las suposiciones rápidas y aún en el confiar en corazonadas. El método Douglas barría con todas las incertezas.

Se podría objetar que era poco creativo y mecanizante, pero allí estaba su mayor ventaja. Una vez que se separaba el problema en pedacitos pequeños y controlables, era cuestión de ir paso a paso hasta terminar con el asunto.

El concepto del "método Douglas" fue ampliándose en aspectos menos técnicos pero de peso.

Hacerse preguntas tales como:

  • ¿Dejé el medio extraíble en la diskettera/compactera?
  • ¿Dejé correctamente encendido los periféricos?
  • ¿No hice que algun componente de software dejase de funcionar?
  • ¿Dejé la factura por mis servicios?
  • ¿Ellos tienen mi teléfono?

Pronto entraron como una rutina a ser ejecutada con cada servicio o reparación.

Hagan la prueba, adopten el "método Douglas" en sus reparaciones diarias y verán como pensar de antemano y dividir las tareas en otras más pequeñas le ahorran tiempo y esfuerzo.

domingo 3 de mayo de 2009

Estrategias

Este relato fue seleccionado para ser leído en el marco del IV Congreso Argentino de Go

Le agradezco profundamente a los organizadores por la oportunidad (me dieron un lindo diploma en el salón Centenario del Jardín Japonés luego de leerlo ante la audiencia).
Uno podía elegir leerlo por si mismo o bien que lo haga un actor. Elegí leerlo por mí mismo. Cuando un actor leyó el primer cuento, me sentí intimidado; sin embargo cuando me tocó el turno, avancé a paso aikidoka marcial y tomé el toro por las astas.

Este cuento es el resultado de una extraña mezcla del taller Máquinas y Monos de la revista Axxón, donde la consigna era escribir sin adjetivos ni adverbios (qué mejor que una historia de samurais) y la inspiración que me dio la convocatoria mencionada.

Tengo que agradecerle a Laura Ponce por las valiosas sugerencias que le hizo al original y que dio como resultado el cuento seleccionado, además de eso asistió al evento y me alcanzó las fabulosas revistas SENSACION! y PROXIMA.

Espero en breve tener algunas fotos para colgar de este evento.

He aquí el cuento:

Estrategias

Miyamoto Mushashi miró al mensajero. Con un gesto le indicó que hablara luego de señalarle a su adversario el tablero del go. Era su turno.

Su sobrino Saîto fue raptado ―dijo resoplando e inclinándose.

¿Qué quieren? ―preguntó mirando nuevamente el juego, sin inmutarse.

Que vaya a rescatarlo ―respondió en un susurro―. Quieren su vida por la de él.

¿Cuándo y dónde? ―preguntó y crispó la mano en el puño del katana.

Esta noche en el claro del bosque ―dijo, y se apartó un poco al ver el gesto del samuraî.

Ve y diles que iré ―respondió soltando el arma.

El mensajero saludó y partió corriendo. Saîto atrapado por los ninjas, pensó mirando a su oponente a quien saludó ceremoniosamente antes de levantarse. Caminó hasta la arena. Con el dedo dibujó un cuadriculado de siete por siete y puso dos guijarros blancos, uno en la esquina y otro más en la intersección que le seguía. Luego puso en cada cruce cuatro negros acorralándolos. Su adversario lo vio de lejos agachado, mirando el suelo. Él pensó un largo rato, de pronto sonrió y partió a paso calmado a prepararse.

La luna llena iluminaba el bosque. Mushashi caminó hasta ver a Saîto atado a un cerezo con las manos amarradas hacia atrás. Desenfundó el katana y miró con cuidado pero no pudo distinguir a ningún enemigo. Si trataba de desatarlo, debería guardar su arma y los matarían. Eso si podía acercársele sin ser antes rodeado.

Corrió hasta su sobrino y sin dudar le cortó la garganta, y armó la guardia delante de Saîto, quien se desangraba sostenido por sus ataduras. Los ninjas desconcertados salieron de su escondite y lo atacaron. Silbó el katana y Miyamoto le rebaño el cráneo a uno, con el mismo impulso giró y le abrió el vientre a otro, de donde cayeron humeantes los intestinos. Un tercero lo atacó de atrás; Miyamoto se arrodilló y girando le clavó el katana en el abdomen. Con un grito liberó el arma y cortó de abajo hacia arriba en un círculo letal a otro que saltó a su lado con el sable en alto. Se paró, limpió la sangre del katana sacudiéndolo, caminó por el bosque hasta estar seguro de estar solo y envainó de espaldas a un árbol, pidiéndole a los dioses que le hagan comprender a su hermana la muerte de su hijo. Caminó hasta el cerezo, desató el cadáver, lo envolvió con su capa y lo cargó emprendiendo el camino de regreso.


En la arena, bajo la luna, el tablero de siete por siete tenía dibujado otra retícula pegada a la anterior; cinco guijarros habían sido quitados y en lo que era ahora casi el centro quedaba uno, blanco.

Mushasi dejó con cuidado el cuerpo de Saîto en el suelo. Tomó las piedras que yacían al lado del improvisado tablero de go. Cabizbajo las tiró una por una al estanque que le pareció una mancha de sangre negra, tan negra como la derramada en el bosque por el efecto de la luz de la luna, y pensó en el juego que había dejado pendiente; en aquel no podía agrandar el tablero.


jueves 20 de noviembre de 2008

¿Qué es el Software libre?

Exhorto

Libérese y libere su mente. El software libre es un movimiento ético con alcances incalculables que crece dia a dia. No mendigue más por el uso de su propia computadora, salga al mundo diverso y salvaje de la verdadera informática, ¡la que es libre!


A pesar de la abundante información que hay en la red, creo que a los legos en informática, los "usuarios", no les queda nada claro qué es el software libre, este es un intento por explicarlo. Ustedes los lectores me dirán si lo he logrado.

La trampa

Cuando usted adquiere un paquete de software, supongamos un Office de Microsoft, compra una licencia de uso. El CD que viene en una cajita con algún manual de instalación o uso es sólo el soporte del software que usted va a usar en su computadora y bajo ciertas condiciones que le da el productor del software o empresa desarrolladora.

Tomemos como ejemplo Microsoft Word. Puede usarlo en una sola computadora, por más que usted tenga dos o más en su casa u oficina. Si instala el procesaro de textos mencionado en otra máquina, sea suya o la de un amigo, está rompiendo con la licencia de uso que le dió Microsoft y que usted aceptó en algún momento de la instalación, cuando hace "clic" aquí y allá despreocupadamente.



Ahora usted está preso de una lógica de hierro, lo privaron de su libertad, debe elegir entre la amistad o la ley, porque si le copia el software a un amigo rompe con la licencia de uso y por lo tanto con la ley. Es por eso que este tipo de software se lo denomina software privativo.

Porque no sólo aceptó la licencia sino que hizo toda una serie de complejas operaciones como poner claves, llamar por teléfono para que la activación y otras cosas por el estilo.

Es decir que no sólo pagó por un permiso, sino que además ocupó bastante de su tiempo en que la empresa editora, en este caso Microsoft, se ocupara de que usted se impidiera a sí mismo el uso del software en otras computadoras.

¡Libertad, libertad, libertad!

Supongamos que usted no tenga que andar haciendo malabares para comprar licencias más baratas para su organización, empresa o casa y pueda instalar todas las veces que quiera el software que necesita, en este caso un procesador de texto.

Supongamos que se lo pueda dar libremente a un amigo que lo necesita y con lo que le soluciona un problema.

Supongamos que usted es programador y quiera agregarle funcionalidades al procesador de texto y compartir con otros sus mejoras.

¡Con el software libre puede!

El software libre le garantiza a usted cuatro libertades, a saber (extraído de la Wikipedia):

Libertad 0 Libertad 1 Libertad 2 Libertad 3
Ejecutar el programa con cualquier propósito (privado, educativo, público, comercial, militar, etc.) Estudiar y modificar el programa (para lo cual es necesario poder acceder al código fuente) Copiar el programa de manera que se pueda ayudar al vecino o a cualquiera Mejorar el programa y publicar las mejoras
Es importante señalar que las libertades 1 y 3 obligan a que se tenga acceso al código fuente.
La "libertad 2" hace referencia a la libertad de modificar y redistribuir el software libremente licenciado bajo algún tipo de licencia de software libre que beneficie a la comunidad.


Y además, la mayoría de las veces, el software libre es GRATIS.

Si usted quiere saber más del tema, puede buscar en los siguientes lugares:

Sitio de la Fundación Software Libre, fundada por Richard Stallman
Sitio del Proyecto GNU

jueves 23 de octubre de 2008

Una heroína anónima

Este homenaje a mi madre fue publicado en el diario El Litoral de Santa Fe

Esta es la historia de una heroína anónima. Su historia de heroína comienza cuando muere su esposo, al que a todas luces quería con toda su alma: aún luego de cuarenta y tantos años se le llenan los ojos de lágrimas cuando habla de él. No sé cómo hizo para seguir adelante con su dolor; sus hijos eran pequeños.

En aquellos años era poco común que una mujer se encargara de una explotación agropecuaria, pero ella tomó los campos que su esposo había heredado de sus padres y los manejó con mano de hierro. Sus logros desmentían su pasado como ama de casa y artista, como madre de tres pequeños hijos, que cocinaba como los dioses. Ahora andaba a caballo por los montes, discutía los precios con los duros campesinos y creaba nuevos negocios, todo con un sentido común asombroso, con el afán propio de quien pone todo su ser en algo.

En aquellos años, toda vestida de negro, se la veía llorar en los rincones y luego arrear el ganado a caballo a despecho del machismo que campeaba hace tantos años y que aún está entre nosotros. No puedo enumerar aquí las cosas que hizo, la cantidad de empresas que acometió, en las cuales tuvo más o menos éxito.

El mayor de sus hijos tenía catorce años cuando salió corriendo atrás del colectivo que lo llevaría a su casa. Quizás la alegría de haber salido antes del colegio hizo que saliera disparado atravesando la plaza que lo separaba de la parada. En el semáforo estaba detenido un colectivo y tenía la oportunidad de alcanzarlo. Cae cuando trata de subir, el colectivo pisa ambas piernas del muchacho, estando desparramado en el pavimento.

Sólo habían pasado cuatro años de su viudez, ahora su hijo estaba a punto de morir o de quedar sin una o dos de sus piernas. Quiso lo mejor para él y dejó todo para atenderlo, todos sus negocios, aquello que había edificado con ahínco.

Puedo hablar de la alegría de nuestra heroína cuando vio que su hijo estaba vivo y no muerto como lo suponía.

Los médicos aconsejaron la amputación de las dos piernas en el acto para evitar la gangrena y la muerte, pero ella decidió que no tenía que ser así. En esa situación una amiga le trajo la noticia de un nuevo método para tratar estos tipos de accidentes. Esta mujer no dudó en llevar a su hijo a otro sanatorio donde luego de incansables noches en vela y de olvidarse de sí misma logró hacer que este muchacho de catorce años conservara sus dos piernas.

Una de ellas, la izquierda, le recuerda a su hijo -es decir a mí- su inmenso coraje. No sólo me dio la vida, sino que cuidó mi integridad física a pesar de todo y de todos. Y de paso me dejó una lección vital de tenacidad, fortaleza y voluntad. Valga este homenaje a mi madre: otra heroína anónima.

lunes 8 de septiembre de 2008

Cuidado al cruzar la calle

Este cuento fue publicado en la revista Axxón

Caigo como en esos sueños en los que uno termina despertándose; pero esta caída es larga, muy larga. Por fin abro los ojos y giro la cabeza con dificultad. Siento el cuerpo ajeno.

—Gustavo, ¿estás? —¡La voz de mi ex! ¿Qué hace aquí?

Siento las palmas de las manos pegadas a una mesa que salta y se mueve, golpeando contra el suelo. Hago fuerza para apartarlas pero es imposible, la mesa no se deja de mover.

—Rajá de acá, ¿que querés? —me oigo decir.

—¿Dónde escondiste la plata?

—Ni pienso decirte. —No controlo ni modulo la voz, que suena chillona y agresiva.

—¡Gustavo! ¡Decime donde está el dinero! —grita mi ex, roja de ira.

Levanto la cabeza y sonrío irónicamente. —No —respondo. Y me quedo mirándola.

—Sos la misma basura de siempre! ¡Me cagaste la vida y me la seguís cagando!

Ahora además de gritar golpea la mesa con furia.

Disfruto del momento un poco más. La hija de puta sos vos, que lo único que te interesa es saber el lugar donde escondí la guita. No puedo sostenerme erguido y los párpados se me cierran.

Miro mis manos y veo las uñas pintadas de rojo fuerte. Algo —¿un pañuelo?— envuelve mi cabeza. Abro grande la boca y emito un grito gutural de dolor y de angustia. Siento en mis tripas que no me queda mucho tiempo más allí. En la mesa redonda y de color oscuro veo una hoja de papel y un lápiz; los uso para hacer un dibujo frenético usando trazos gruesos y espasmódicos.

Espero que la boluda entienda el mapa. Apenas creo pensar eso, me derrumbo sobre la mesa.

Imágenes en tropel caen en mi conciencia. Se me cierran los ojos. El cuerpo se sacude con violencia y me siento expulsado hacia la derecha. Asombrado, veo a mi ex sentada frente a una mujer menuda que se convulsiona, tirada sobre la pequeña mesa oscura. ¿No estaba yo allí, recién? Quiero volver a mirar mis manos pero no puedo. Algo me tira hacia atrás y hacia arriba.

—¡Gustavo, Gustavo! —solloza Viviana, y mira el papel que arrancó de las manos de la mujer de uñas rojas.

¿Quién me llamó así hace poco? ¡Ah, si!, ahora recuerdo: fue cuando me di vuelta al cruzar la calle y no vi el camión. No me dio tiempo a nada. Qué extraño fue sentir el golpe sin dolor alguno, adormilarse y saber que por fin todo ha terminado; claro que no del todo, sino esa falsa rubia no podría haberme traído de vuelta.

—Usted y su marido no se llevaban bien. —oigo decir a la mujer de uñas rojas mientras se acomoda el pañuelo que sostiene su cabello teñido.

—Mi EX marido, mi EX marido; y no sabe la vida miserable que me hizo llevar. —Veo temblar a Viviana mientras mira el papel arrugado.

—Bueno, bueno: me debe cien pesos, señora.

—¿Por cinco minutos?

—Claro, pero ahora sabe dónde escondió él la platita, ¿eh?

Es lo último que escucho. Mi vieja me dijo siempre lo mismo: "Gustavo, cruzás la calle sin mirar, algún día te va a pasar algo". Tenía razón. Ojalá me encuentre con papá: tengo tantas cosas para contarle.

La misericordia del velo de la inconciencia me va liberando. Si me llaman otra vez, no seré tan pacífico.